Minimalismo Real

Ep. 172 | 4 formas de que tu casa sea un refugio: la sala que invita (II)

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Mi sala bien podría ser el lugar de tertulias populares a la siglo XIX...(J.A. Arrieta, Tertulia de pulquería, 1851)

La oooootra semana empezamos a charlar sobre que la casa sea un refugio y cómo repensar espacios. Comenzamos con mi archienemigo, el baño, y hoy seguimos con la sala. Y cuando digo sala, puede ser el living, el comedor o el todo.

1- Dejá espacio para respirar

Por vivir en un departamento de 40 m2, se imaginarán que la sala/comedor/lugar de trabajo/todo lo que se hace fuera de la cocina, del baño y el cuarto es pequeña. Y eso tiene sus ventajas y desventajas. La desventaja es que como somos 4, tuvimos que pensar mucho sobre el espacio y qué poner en él. La ventaja...es que tuvimos que pensar mucho sobre el espacio y qué poner en él. No fue tanto pensar pero si ir acompañando qué podíamos hacer, qué estábamos haciendo y que queríamos hacer conforme los ciclos de la vida iban cambiando. Mirando fotos de los chicos cuando tenían seis años, era un espacio suficiente con las cosas que teníamos. Ya más adelante, tocó reducir más para nuevos intereses y cambiar otras cosas porque por ejemplo, ya mis hijos no usan zapatillitas sino zapatillas n. 36 o 37. Es decir, para los zapatos, se necesita el espacio de 4 adultos. Por eso algo nos quedó claro: el problema no siempre es la cantidad de metros cuadrados, sino cuántas cosas intentamos meter dentro de ellos. No necesitás llenar cada rincón. Algo que charlamos cuando hablamos del concepto de Ma (間) que es un concepto japonés que podría traducirse como una pausa en el tiempo, un intervalo o un espacio vacío. Es necesario dejar espacios vacíos porque esos espacios también cumplen una función. Hace que la habitación se sienta más tranquila y permite que el cuerpo descanse visualmente. Recientemente mirando videos de un canal llamado "Never too small", hablaban de que poner una mesita en frente del sofá, muchas veces se vuelve un estorbo. Porque uno se acostumbra a evitarla, a pasarla por al lado, a contornarla, a correrla, a golpearse en ella. Pero es como que en una sala es lógico que haya una mesita para poner algún libro de fotos, un florero, algo. Porque queda lindo. Pero...¿no sería mejor que la sala respirara, que el aire fluya y que nosotros también fluyésemos por ella cual vientito de la tarde? Menos es más. Siempre.

2- Hacé que la sala invite a quedarse

Un refugio no es solamente un lugar bonito. Es un lugar donde naturalmente querés estar. Por eso, más que pensar en cómo decorar la sala, podés preguntarte qué quierés hacer acá. Por ejemplo, mirar tele. Leer. Tomar mate conversando con tu familia. Escuchar música. Estudiar. Comer. Recibir gente. Llegar del trabajo y sentarte en silencio. Todo eso junto. Y a partir de lo que quieras hacer en tu sala, organizar el espacio alrededor de esas actividades. Por ahí no necesitás una mesa de centro grande si lo que realmente querés es tener espacio para que los chicos se sienten en el piso como es mi caso. O mejor tener solo un sillón grande para poder disfrutarlo y nada más. En vez de poner otra cosa de decoración, comprar esa lámpara grande y estéticamente agradable para vos en vez de llenar el espacio con alguna chuchería linda pero que no la apreciás tanto. Podemos pensar que la función que le vas a dar a tu sala determina qué merece ocupar espacio. Y nada más.

3- Pocas cosas que hagan que queramos volver

Generalmente, cuando volvemos a casa entramos por la sala. Es lo primero que vemos. Y si no lo es, suele ser el espacio más utilizado. Por eso, cuando vemos la sala, tenemos que sentir que nos está pidiendo quedarnos. Parece una cosa loca pero por ejemplo, si vas a dormir y en la cama tenér tres millones de ropas para colgar o tu mesita de luz (cómo quería una mesita de luz) está abarrotada de cosas que ni el reloj para despertarte podés ver, la verdad la cosa no es muy convidativa. Por eso, elegir menos cosas, pero mejores para la vida que querés vivir es la respuesta. Para eso, preguntarse si este objeto, esta cosa, hace que mi sala se sienta más como el lugar donde quiero tirarme a hacer nada o a cualquier otra cosa que decidas, es lo más importante.

Pongo los tres puntos en un ejemplo concreto: mi mini sala es espacio de todo. Entonces 1, necesita respirar porque cuatro personas consumimos mucho aires y es necesario que ese aire fluya. El sillón que tuvimos que comprar después que se despedazó el anterior que nos donaron, es inclusive menor que el anterior. No es oh, qué convidativo, pero entramos los 4. Y deja un espacio en el piso donde por ejemplo, mientras mirábamos una serie, me tiré con mi alfombrita de goma eva a estirarme. Sobre las zapateras improvisé una biblioteca de libros que estamos leyendo para no tener que andar buscando sino que lo agarramos, nos sentamos en el sillón y leemos. Me gusta más leer en la sala ahora que en el cuarto, donde no tengo dónde apoyar el libro más que en el suelo. La sala tiene lo que necesitamos para no andar chocándonos con las cosas y poder hacer lo que queremos. 2- La sala nos invita a quedarnos. La mesa donde comemos, trabajamos, estudiamos, jugamos, se abre. Entonces cuando queremos jugar a algo, cuando queremos pintar, cuando cada uno se sienta a hacer sus cosas, la abrimos. Y cuando no la usamos, no ocupa mucho espacio y podemos hacer otras cosas. 3- Este año fue un año de ver qué realmente estábamos usando y qué se convertía en un obstáculo. La sala no fue la excepción. Voló una pecera sin peces pero con aloe veras que encontraron otro lugar, muchos pero muchos libros, cosas de papelería, cosas del trabajo, juegos de mesa que ya no usábamos, trajimos el wii-fit a la sala para que esté práctico usarlo (es un juego que compramos en 2012 con mi compañero para quien no sepa y es para hacer ejercicios), compramos un ventilador en invierno para que quede fresco (si es posible eso) cuando llegue El Niño y nos asemos, dejamos solo adornitos de los chicos, en fin, hoy nada de lo que está en la sala sobra. Y no falta nada. ¿Se desordena, a veces está caótica y enloquezco? Claro, tengo chicos. Pero nada que impida que todo vuelva a la normalidad rápidamente y la sala vuelva a ser nuestro refugio compartido.

¿Por qué les traigo ideas y no una lista de cosas a sacar, a tirar, a vender? Porque una sala que te invite a quedarte se construye con cosas que tienen sentido para los que viven ahí. Cada uno crea ese espacio de la forma que mejor lo entiende. Para algunos es menos muebles y más espacio, para otros más adornitos y menos libros, para otras más sillas y cosas que inviten a las personas a entrar, para otros basta el sillón y banquitos, en fin, cada uno sabe. La sala, como cualquier espacio en tu casa, tiene que ser construida para la vida que queremos vivir en ella.

Nos vemos la semana que viene (prometo que no en dos semanas, venimos mal por acá con el calendario) con más Minimalismo Real.