Ep. 174 | 4 formas de que tu casa sea un refugio: un dormitorio para descansar (IV)

Dormir así es un placer... (Henri Matisse, 1902)
Hoy llegamos a la última forma de crear un refugio en tu casa y vamos a hablar del dormitorio, cuarto, pieza, como le digan. El dormitorio es el espacio donde empezamos y terminamos nuestras jornadas, donde nos acostamos después de un día largo, guardamos algunas de nuestras cosas como la ropa y...muchas veces, guardamos todo aquello que no sabemos dónde poner. En casa, por ejemplo, el armario donde guardamos la ropa es también donde ponemos los remedios, el papel higiénico que compramos en cantidades industriales por las alergias, los documentos importantes, los exámenes médicos que son impresos, los recuerdos de los chicos. Todo en cajas lindas, chicas y ordenadas. Pero bueno, como no hay dónde ponerlo, le encontramos ese uso.
Muchas gente trabaja en el dormitorio; nosotros tenemos una mesa chica (un escritorio) y una silla donde mi compañero trabaja. Pero al terminar, se guarda todo porque el dormitorio tiene que ser uno de los lugares donde más fácil nos resulte bajar el ritmo.
Y para esto no hay tener un espacio grande (el nuestro es minúsculo), ni cortinas blackout (no tenemos cortinas porque la ventana antirruido no lo permite, tenemos persianas) ni la colcha de peluchito nórdica que vimos en algún lugar (no tenemos tampoco porque sería como vivir en Acarolandia, como dice un amigo). Para que el cuarto sea un refugio y nos permita un buen final de día, podemos empezar con cosas más simples como pensar qué necesitamos para descansar bien y transformar nuestro dormitorio en un espacio que nos ayude a hacerlo.
Les comparto tres ideas para conseguirlo.
1- Hacer espacio para descansar
Esto es básicamente tener menos cosas. El dormitorio es un espacio que utilizamos principalmente para descansar. Por eso, no necesitamos llenarlo de objetos ni aprovechar cada rincón para guardar algo. Por eso, podemos empezar por revisar lo que tenemos.
¿Hay ropa que ya no usamos? ¿Objetos que terminamos dejando sobre la mesita de luz porque no tienen otro lugar? ¿Cajas debajo de la cama que guardan cosas que ni siquiera recordamos? ¿Muebles que ocupan espacio, pero que no cumplen una función importante?
No hace falta deshacernos de todo ni convertir la habitación en un espacio vacío estilo monje budista acostado en un tatame de paja dura. Sino que tenemos que pensar en eso que necesitamos, usamos o nos gusta tener cerca, y dejar ir lo que solamente ocupa lugar y nada más.
También podemos prestar atención a las superficies. Una mesita de luz no necesita estar llena de libros, cargadores y objetos decorativos. Lo mismo pasa con el espacio alrededor de la cama. Cuanto menos tengamos que mover, ordenar o limpiar, menos trabajo vamos a tener para mantener el dormitorio agradable.
Y volvemos al concepto japonés de ma: el espacio vacío también tiene una función. Permite que la habitación se sienta más despejada y que nuestra atención no tenga que pararse en tantos objetos.
No es que queremos que el dormitorio parezca más grande, sino que se sienta más tranquilo.
2- Crear un ambiente que invite al descanso
No todos los espacios de la casa cumplen la misma función. La cocina nos invita a bueno, cocinar. El living o la sala puede ser un lugar de encuentro. El dormitorio, en cambio, debería ayudarnos a desacelerar.
Y podemos favorecer esa sensación con pequeños detalles, como cuando hablamos del hacer del baño un spa. Tener una ropa de cama que nos resulta agradable, una iluminación cálida, una cortina (o lo que sirva como nuestras persianas) que nos permita oscurecer la habitación por la noche o la posibilidad de abrir la ventana por la mañana para que entre el sol son cosas sencillas que pueden cambiar nuestra experiencia del espacio.
Probablemente ya habrán escuchado sobre el concepto de "higiene del sueño". Este concepto básicamente habla de hábitos saludables para tener una buena noche y dormir mejor. Entre los hábitos propuestos (que no son lo únicos, solo menciono los relevantes para lo que estamos charlando), se menciona el crear un entorno propicio para dormir. Esto es que el entorno donde dormís tiene que ser un ambiente fresco, oscuro y tranquilo, con ropa de cama cómoda (ni demasiado liviana ni demasiado pesada). Y que sea silencioso (el sueño de todos. En casa lo resolvemos poniendo un ventilador viejo que hace bastante ruido cuando los vecinos deciden que está bueno hacer ruido a la hora de dormir).
Mucho no depende de nosotros (si el vecino hace ruido, si hace calor o frío) pero podemos ir armando un espacio agradable dentro de nuestras posibilidades y tratar de acercarnos a un espacio que nos permita bajar la guardia un poco de la vida cotidiana.
3- Reservar el dormitorio para vos y para lo que importa
En muchas casas, el dormitorio termina convirtiéndose en una habitación multiuso (como el nuestro). Guardamos cosas que no entran en otros armarios, acumulamos ropa para arreglar, dejamos bolsas pendientes de ordenar y trasladamos objetos de una habitación a otra cuando necesitamos despejar algún espacio.
Poco a poco, el lugar destinado al descanso empieza a recordarnos todas las cosas que todavía tenemos que hacer. Claro que no todas las casas tienen espacio suficiente para que cada actividad tenga su propia habitación. A veces necesitamos guardar ropa de otras temporadas, tener un escritorio o encontrar un lugar para algunas pertenencias de toda la familia.
Pero...a la hora de descansar, sea una siestita el domingo o dormir a la noche, necesitamos poder ver y sentir que ese lugar es para eso. Tenemos que decidir qué actividades queremos que tengan lugar en el dormitorio y cuáles podemos organizar de otra manera o, si necesitamos guardar objetos ahí, podemos asignarles un lugar definido. Si tenemos ropa pendiente de doblar, podemos evitar que permanezca durante días sobre la cama. Si necesitamos trabajar en la habitación, podemos intentar que, al terminar, el espacio vuelva a quedar preparado para descansar.
Entonces, hacer espacio para descansar, crear un espacio que invite al descanso y reservar el dormitorio para vos y lo que importa puede parecer un poco...etéreo como recomendación. Pero es que lo básico es menos cosas que nos llamen la atención a la hora de descansar y que nos hagan pensar (la ropa tirada, los adornitos que nos recuerdan de dónde los trajimos, el celular prendido mostrando que son las 23:47 y seguís despierto), tiene que ser agradable al cuerpo (silencioso, fresco, oscuro para dormir, cálido para prepararse para el descanso) y un lugar que cuando lo necesites, esté disponible para que puedas tirarte y cerrar los ojos un rato o mucho rato.
Y, sobre todo, podemos recordar que el descanso no es algo que nos ganamos después de haber terminado todas nuestras obligaciones. Es un derecho. Hagámoslo valer desde nuestros espacios.
Nos vemos la semana que viene con más Minimalismo Real.